En la teoría es fácil separar necesidad de deseo. En la práctica, parado frente a la caja o con el carrito de la app abierto, todo se siente urgente.
Le pasa a cualquier adolescente que tiene plata disponible en el momento exacto en que aparece el antojo: la cabeza no distingue bien entre "esto me hace falta" y "esto lo quiero ya", porque las dos sensaciones se sienten igual de fuertes cuando estás a punto de comprar.